jueves, 23 de junio de 2016

Sabrina

Verte distante, inalcanzable
Verte sin poder tocarte
Hablarte y no poder penetrarte
Saberte solitaria, utópica

Tu sonrisa, un día soleado en invierno
Tus ganas de vivir, un elixir a la eternidad
Tus ojos, una primavera en flor
Tu risa, música a mi corazón
Tu pelo, gritando rebelión

Mi infierno
Conocer tus labios sin haberlos besado
Desear tus caricias sin haberlas sentido
Ansiar tus abrazos sin haberlos recibido

Te añoro noche y día
Sabiendo que no eres mía
Me resigno a soñarte

Porque allí puedo tenerte

sábado, 21 de febrero de 2015

Caminantes de estrellas

El firmamento buscaba por dónde asomarse en el cielo cubierto, mientras el farol de la noche encontraba resquicios por donde colar su luz; Orión, el centinela, cuidaba de sus almas. Las nubes no eran obstáculo suficiente. Los pies dibujaban estrellas a cada paso; el océano inmenso proveía a medida que los caminantes se internaban más y más en su realidad. Lejanas luces guiaban su camino y alentaban una pequeña certidumbre.

La inmensidad del universo reflejada en un grano de arena. Universo repleto de posibilidades, de vida, de amor, de alegría, de infinitos sentimientos. La música se transformaba en fuerza, la fuerza se transformaba en música. Mientras, dos entes trascendían entre las estrellas del cielo y de la tierra; creaban su propio universo y se replegaban en su gozo, a observar el perfecto devenir del otro.

Caminantes de estrellas, con la mirada puesta más allá. Buscaban escapar del mundo y crear uno nuevo. ¿Para qué caminar, si no? A veces, luego de mucho andar, esto puede ocurrir. Es un raro milagro, cuando el firmamento brilla tanto en la tierra como en el cielo, entonces, es posible crear un universo nuevo. Fugaz, sí. Pero capaz de dar cabida a los sentimientos más nobles e intensos conocidos por el hombre. Recompensados por la tenacidad de desafiar distancias y convenciones, tiempos y realidades.

Luego, nuevamente caminantes de estrellas, anhelantes. Perdidos en la inmensidad del orbe; pero con una referencia, un faro que los guiará eternamente. Inspiración para reencontrarse con ese otro universo, fugaz y bello, que una vez tuvieron la fortuna de crear.

viernes, 26 de septiembre de 2014

El balcón de flores

Se recorta contra el cielo gris
Pérfido temporal azota la ciudad
la urbe se aquieta, se silencia
Arriba, en las alturas, el balcón de flores
se recorta contra la tormenta

Remanso de calma
Explosión de lila, rosa y violeta

Contra el cielo gris

Unas sillas se entreveran
atisbo de vida
Desayunos entre lila,
cenas en violeta
y lechos de rosas

Mañanas parisinas, entre sábanas blancas
Tardes porteñas

El balcón de flores es el nexo

jueves, 24 de julio de 2014

¡Te vas a cambiar de sabor!

Palpitando cada momento, saboreando esas pequeñas nimiedades que llevan hacia el placer.
Ventanas, que como prismas deconstructores, canalizan ideas, sentimientos y experiencias. Son faros de claridad y sosiego. Traen la calma, en medio de la vorágine cotidiana.

Cuando tengas cuarenta, vas a estar casada con uno, dos, tres hijos...

El otoño es tiempo de nostalgia por excelencia. Serán las hojas arremolinadas por el viento, las hojas; luego caídas (y pisoteadas), traen recuerdos de proyectos y situaciones.

¡Ay Catalina, me estás volviendo loca!

Conviven con todo esto sombras desgarradas, uno las descubre por sus harapos, su andar cansino y la inclinación de su postura. Se ve que el otoño (¿el otoño?) se ensañó con ellos. Ni una hoja les ha dejado. Ahora son seres sin otoño, sin recuerdos ni nostalgia.

Te vas a caer y te vas a golpear.

Pedazos de ciudad, pedazos de hombres, pedazos de cosas y recuerdos que quedan en el tiempo. Lugares que se recorren por primera y última vez, seres que se conocen, y con los que no se volverá a hablar jamás.

No puede ser que este acá parado hace media hora, tendría que haber tomado un auto.

La inmensidad de la vida, diluida en la cotidianidad; para huir de ese traumático pensamiento.
La angustia es humana, dejemos de intentar escapar de ella.


lunes, 21 de julio de 2014

Al horizonte

Verde se la divisaba
allá en la distancia,

dos, tres, cuatro fuegos
como ojos atentos;

vestida de niebla
misteriosa yacía,

rodeada de agua
para que no fuese mía.

La vida que añoro
allá en la distancia,

y un mar en el medio
diciendo, ¡no alcanzas!

Tal vez llegaré
a mi vida deseada,

cruzando la mar
en una balsa dorada.